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La Coctelera

Categoría: Periodismo

¿Qué será del periodismo?

Leyendo menéame.net, que es tan sencillo como google news y donde puedes encontrar las noticias y opiniones que no te contará Matias Prats en el Telediario de la noche, he dado con un artículo que me sirve de perfecto apoyo a mi anterior entrada, La TV americana se rinde al blog.

Se podía leer en el día de ayer en mimetist weblog la respuesta al artículo que Pepe Cervera había colgado en su blog, Retiario. En el artículo de Cervera se exponía que sería de la profesión de periodista ahora que todo el mundo puede decir lo que quiera en un blog. Los bloggers estan incurriendo en un intrusismo profesional, y los profesionales están que trinan.

Con respecto a este tema contesta muy efusivamente mimetist. La verdad es que, aunque un tanto exaltado, el texto que publica tiene razón en algunos aspectos , y que lo diga yo que va a ser mi profesión dentro de unos años es algo significativo.
Defiende mimetist que los medios se vienen buscando desde hace un tiempo, que otros sectores les coman el pan, y es que se han ido dejando a la facilidad del cotilleo, los deportes y los espacios de sucesos. Cada día la información ocupa menos espacio en los informativos y a su vez estos, reducen su representación en las parrillas televisivas en beneficio de múltiples reality shows y programas del corazón.
Los nuevos periodistas que nos ofrece la TV, y en menor medida los periódicos y la radio, no lo son tanto y muchas veces, el que lleva 5 años en la facultad termina como intruso en otra profesión (con la consecuente vergüenza por su parte), mientras los grandes hermanos, sin vergüenza alguna, ocupan sus puestos en los medios.

Ambos artículos están muy en relación con lo que yo planteaba ayer, y es que los medios tradicionales han pasado de la crítica a los blogs por ser niñerías sin importancia a un verdadero ataque y gran perocupación ante su importancia creciente que puede llegar a dar con ellos. Como decía ayer, cada vez más, los bloggers están sacudiendo los medios y a sus directivos, recordándoles que el que lee, ve o escucha tiene ahora más poder que antes, porque todos tenemos una opinión y gracias a internet, ahora tenemos un lugar donde expresarla.

Pero, la profesión tira y es mejor no morder la mano que me dará de comer, Dios lo quiera, y creo que los bloggers deberían (¿deberíamos?) tener algo más de humildad, y no creer que la creciente mediocridad de la que hacen gala cada día más medios nos da derecho a eregirnos como los nuevos gurus de la información.
Muchas de las polémicas que se inician en un blog tienen como base el artículo de un periodista en un periódico o un comentario en un tertulia de la radio, o a lo mejor lo has oido a alguien en la TV; sea como fuere el periodismo de siempre esta en el origen de esa discusión, pero también en el origen del Blog.

Critican a los periódicos porque siguen una ideología, y esto les sirve como argumento para defender un blog: ellos expresan SU opinión, no la que el director y el partido en el gobierno dicte. Y dice mimetist en respuesta a un comentario:

Leer, ver y oír medios afines a tu ideología NO ES ESTAR INFORMADO… es dejarse manipular como un gilipollas. El Mundo y El País podrían perfectamente pertenecer a la misma persona y seguir manteniendo sus ideologías enfrentadas por el simple reparto de clientes. Ese es el negocio.

A lo mejor creimos que el periodismo se había quedado trasnochado con la llegada del capitalismo, quizás la ley de la oferta y la demanda no le afecta y su veradera razón de ser es ofrecer las bondades diarias del mundo a sus conciudadanos. Quizá la raíz de esta discusión es que se piensa que la información no es negocio, y que el beneficio nada tiene que ver con el buen periodismo.
Creo que el problema está en identificar el periodismo de hoy con desinformación, y a los blogs como la solución.

La TV americana se rinde al Blog

Podemos decir con certeza que los medios tradicionales están empezando a otorgarle a los blogs la importancia que desde hace tiempo se merecían.
Los ejecutivos más poderosos de las televisiones estadounidenses, viven pendientes del blog de Brian Stelter.
La noticia salta a al vista por dos aspectos aunque según ha quedado recogida en algunos medios, sólo destaca porque, el chaval en realidad, ni siquiera ha salido de la universidad.

Me explico. En primer lugar, Stelter tiene tan sólo 21 años y normalmente escribe las entradas de su blog TVNewser desde un campus en Towson. Como nosotros mismos (y este es un hecho que me anima bastante, yo que sentía cierta culpabilidad) utiliza el wifi de la universidad para publicar nuevas entradas en su blog. Y es que este ya más que aspirante a periodista desarrolla su blog como un verdadero periódico de prensa amarilla centrado en el mundillo de la TV y con varias ediciones diarias.

El blog supera cualquier juicio apresurado con noticias profesionales , rumores, ratings y artículos publicados 7 días a la semana las 24 horas del día. Dicen los visitantes más asiduos con sus sueldos estratosféricos que si el ritmo de trabajo decae es porque Stelter tenía un examen o una fiesta universitaria.

Un simple chaval como ¿yo misma?, sirve el desayuno de las noticias, los cotilleos, las audiencias y las malas lenguas a la gran mayoría de los jefazos de la NBC, CBS, ABC, FOX o CNN. Los presuspuestos de miles de millones de dolares que el mundillo mueve y que ellos manejan se deja en manos de lo que Brian diga de las parrillas.

Y ahora es cuando me adentro en la segunda parte soterrada de esta noticia. Hace ya unos años que los blogs saltaron a la palestra. Nosotros teníamos en nuestras manos internet, sin embargo los grandes medios despreciaron la idea de que el usuario medio fuese a dar la vuelta al concepto de información, de rapidez, de contraste de fuentes, de opiniones. Despreciaron los primeros blogs como quien escribe en un diario con 15 años. El usuario de internet desde su sillón, iniciaba su incursión en los más hondo de los medios y de los principios del preiodismo del siglo XX.
Pero en el XXI nos han dado la razón. Los publicistas televisivos, productores y directivos observan con detalle los partes que este submarino de los mentideros de los grandes medios les va ofreciendo. (Dicen que incluso cobocen su horario).

Para muestra, un botón: Stelter fue el primero en afirmar que Peter Jennings, mítico presentador de la ABC, agonizaba.
Hoy, los magnates de la televisión ya no le cirtican, si no que siguen sus historias con religiosidad diaria y no tiene vergüenza en dejar constancia de ello: cuando hace un mes colgó un artículo en el que anunciaba que el blog perdería fuste durante unos días ya que había roto con su novia, decenas de ejecutivos de las grandes cadenas no dudaron en bombardear con mensajes ofreciendole consuelo espiritual.

Ahora ocupa asiento en una cena de gala de la televisión junto a George Clooney, al parecer un teclado y el Wifi de la universidad le han servido para poner todo patas arriba, pero aunque nadie lo diga claro, las noticias no caen del cielo, y yo no me creo que visitando Wikipedia cada día se pueda apuntar tan alto.

Periodistas por vocación

“Los gritos del silencio”. El título de esta película ha conseguido hacerme cerrar los ojos, ha conseguido hacerme reflexionar sobre el significado de cada una de sus palabras y ha conseguido estremecerme. Gritar. Son varios los sentimientos por los cuales las personas gritamos; podemos gritar de alegría, gritar cuando algo nos hace mucha ilusión, gritar cuando nos entusiasmamos o emocionamos. Pero, por el contrario, también podemos gritar ante situaciones para nada agradables, como cuando el miedo o el horror se apoderan de nosotros, como cuando suplicamos clemencia ante una situación inhumana, así como en la desesperada búsqueda de ayuda o en la angustiosa llamada a un ser querido al que no encontramos.

Cualquier ser humano, viva en el país que viva, sea del color que sea, pertenezca a la clase social que pertenezca, no queda libre de poder padecer el sufrimiento encerrado en los gritos lanzados en estas últimas situaciones. De todas formas, es cierto que estos gritos de dolor se multiplican en los países en los que reinan la corrupción, la tiranía, la injusticia y la guerra.

Mientras muchos de nosotros vivimos en una burbuja de color rosa, a millones de personas inocentes les toca ser las víctimas de un capricho, les toca aceptar un trueque en el que ofrecen sus derechos y dignidad a cambio de crueles torturas. Es el caso del ser humano al que un guerrillero apunta con un arma en la cabeza o le mutila con un machete; del niño que ve cómo una granada alcanza a sus padres y hermanos mientras él se queda solo; de aquél que deja de caminar para siempre desde el momento en el que una mina anti-personas estalla a sus pies; de la mujer que está siendo lapidada porque fue infiel a su marido cuando la violaron; de la joven a la que engañan y obligan a convertirse en una esclava sexual; del bebé al que abandonan y está muriendo de hambre. Intentemos por un instante ponernos en la piel de alguien que está viviendo estas circunstancias inhumanas o alguna de tantas otras. ¿Quién, apresado por el pánico y envuelto en una infinita angustia, no gritaría con la esperanza de que un milagro oyese sus súplicas y lo salvara? ¿Qué sentiríamos al ver cómo esa débil posibilidad se desvanece cuando el llanto queda ahogado en el silencio y el olvido? Ahora, en este preciso momento, hay mucho sufrimiento que pide auxilio pero sus gritos no alcanzan la compasión de nadie o de casi nadie.

Todos somos conscientes de que se están cometiendo barbaridades pero es más fácil mirar hacia otro lado, hacer oídos sordos y seguir pensando en uno mismo. Solo unos pocos intentan, de distintas maneras, aportar su granito de arena y quitar al mundo un poco de sufrimiento. Entre ellos, cabe destacar a los corresponsales de guerra, a esos periodistas que se adentran en el mismo infierno y que, a través de su cámara y de su pluma, intentan captar ese dolor y transmitirlo a nuestros acogedores hogares con la intención de que alguno de esos llantos nos conmueva y nos haga despertar y empezar a luchar por un mundo en el que gritos no que queden en el silencio, o mejor, por un mundo sin gritos.

Alejandra Fedi