Este domingo cerraba sus puertas el CBGB. Su famoso toldo blanco con el mítico 315 se convertirá en unos meses en otro neón más en el desierto de Las Vegas.

Cuando leía el artículo a modo de esquela en el diario "El Mundo", pensaba más allá de la simple pérdida de un club legendario. Sinceramente, ver la casa del Rock Underground en NYC o en junto al Caesar Palace no me afecta profundamente. De cualquier modo esta caverna del punk va a conservar el mismo aspecto de siempre porque como buen monumento será reconstruido pieza a pieza, urinarios incluidos.

Pero lo que no podrán reconstruir, y este es el fundamento de mi post, es la esencia de la época. No es mi intención caer en la melancolía del "cualquier tiempo pasado fue mejor", ni otorgarle a la música una significación trascendental, pero el traslado del CBGB no viene sino a corroborar que los tiempos han cambiado. Los que vivieron aquella época dorada, vibrante, o están muertos, o son lo suficientemente viejo como para dar una patética imagen de rockeros al más puro estilo Mick Jagger.

Hace tres décadas, por aquella calle pasaron Lou Reed, Andy Warhol, los Ramones, Blondie, Iggy Pop, los Talking Heads...y asi hasta completar una larga lista.
El CBGB es hoy en día una marca como el Hard Rock Cafe, (viste prácticamente el mismo número de camisetas).
En los 70 se buscaba el 315, hoy se recorren las calles que han pisado los manolos de Carrie Bradshaw.
El CBGB siempre ha sido un negocio, antes estaba envuelto en un aura punk de movimiento contracultural, ahora esta rodeado del Nueva York de los nuevos ricos y los turistas. Y para convertirse en una atracción turística que mejor sitio que Las Vegas, allí sólo puedes gastar dinero, el negocio se vuelve aun más lucrativo.

NYC no ha sabido mantener aquella vida propia, se perdió con el circo del rock. Los llamados a ser los sucesores, y en cierta forma salvadores, se han quedado cortos, como afirma Julio Valdeón Blanco en El Mundo:

"Treinta años después, los Strokes de Jules Casablancas demuestran su vocación fashion; los abusivos precios de la vivienda en Manhattan, sólo aptos para millonarios, han expulsado cualquier conato de efervescencia, y los Strokes simboliza como nadie el nuevo status quo: de la vieja CBGB a las portadas de moda. Curioso: aquella música salvaje envejeció como un whisky mientras los lanzamientos actuales apenas sirven para condimentar kalimotxos."

El negocio se he llevado la chispa.

Leyre Guerrero